jueves, 8 de julio de 2010

Pena penita pena

Es el sabor agridulce. Es la pena amarga en un día de dulce. Es el contrapunto adecuado a lo que vengo observando en nuestra sociedad. Ayer vivimos una explosión de júbilo nacional con la victoria de nuestros compatriotas peloteros en sudáfrica. Esta victoria puso en mi ánimo un punto de optimismo que traslucía más allá de lo evidente. Salí a al calle para poder comprobar como podemos dejarnos influir en positivo por esa euforía colectiva que embargaba a todos los jóvenes y menos jóvenes que estaban en la calle.
 Estos futboleros parece que, por fin, después de 115 años de historia de futbol patrio, estan en condiciones de hacernos pasar un buen rato el próximo domingo.
Pero ante ese pastelito, al regresar a casa y escuchar las noticias, el amargor del limón social, el latigazo de la desesperación al ver la noticia de que cuatro cooperantes españolas perdían la vida en un estúpido accidente de autocar.

Cuatro vidas que estaban dándola para que otros pudieran tenerla. Una de ellas se había pasado dos años ahorrando para poderse pagar el viaje y de paso llevar dinero para montar unas duchas colectivas para una comunidad indígena que carecía de ese equipamiento tan esencial para poderse lavar.
Y sentí la arcada de la impotencia, los ojos se me llenaron de desconsuelo, y maldije mil veces a esta España podrida que permite que nos llenen las sobremesas de programas basuras, con putas y maricones presumiendo, no de conocimientos, no de valores, si no de haberse acostado con alguien, para alcanzar fama y dinero fácil.
 Y me sigo preguntando qué intereses se mueven y que mentalidad mantienen los que todo lo sacrifican por las audiencias, ¿que hay gente que lo ve?, cloro que sí, También circulan en la red millones de fotos de pederastia con gran negocio para los que lo hacen y no por ello es bueno. Pues pido y exijo una ley que impida que ese espectáculo indigno, podrido y socialmente maloliente siga infectando a nuestro pais.
Quiero desde aqui rendir mi homenaje más sentido a esas cuatro chicas que han dado lo más preciado que se tiene por tratar de hacer un mundo mejor, quiero hacer llegar a sus familias mi abrazo en ánimo, para que se sientan algo menos solas, y quiero pedirles a los futboleros que hagan una donación de esas cifras tan fabulosas que van a percibir por darle patadas a una pelota, a las ONG que amparaban los trabajos de esas compatriotas de las que me siento hoy más orgulloso que de la selección de fútbol.
Por ellas si grito yo eso de Español, soy español.
GRACIAS
Soraya Macías González, 25 años. Lorena Guerrero Sevillano, 27 años. María Jesús Such, 30 y Lidia Monjas Sierra, 36.

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