domingo, 16 de mayo de 2010

Federativos locales, retrato común

Un domingo cualquiera, o un sábado por la tarde, o un día de fiesta, un deportista amateur, se presenta en su pista, o en la salida de una prueba deportiva, pasa a los vestuarios, se cambia, inicia su prueba o su partido, termina satisfecho, ha sudado, se ha divertido con sus compañeros y ha practicado su deporte porque le gusta. Se ducha, y sale del vestuario, entonces se cruza con el federativo provincial del deporte de turno, apenas si le dice algo, si hay suerte un saludo, pero cuando éste se aleja se vuelve al que lo acompaña y le espeta “...estos son los que viven de nosotros”, y sin más se va tan pancho a su casa con su familia o a tomarse un refresco con sus amigos. 
Al “otro”, le queda ahora la segunda parte de la prueba, le toca recoger bártulos, atender a los que se quedan atrás, pagar árbitros, ponerse en contacto con los medios de comunicación, rápido, para que el evento tenga reflejo en la siguiente edición. Y rellenar multitud de papeleos, informes y demás para terminar de cobrar alguna subvención concedida. Pero esto no es más que la fase final, en la inicial puede llevar desde uno a tres meses preparando el evento, mendigando sponsors, tratando de abaratar los costes de la prueba, buscando subvenciones, dinero en metálico para pagar premios, es probable que hasta tenga que adelantarlo de su bolsillo porque las subvenciones no llegan al instante. Si llega a su casa antes de las seis de la tarde es una suerte, después de haber salido en ocasiones el día anterior, para encontrarse muchas veces que su familia, se ha marchado a dar una vuelta para no encerrarse todo el fin de semana en casa.

Federaciones o ONG’s

Llevo en el mundo del deporte desde que tengo uso de razón, y me metí en las labores federativas por “echar un mano a mis amigos” y aquí me quedé. Tengo la conciencia clara, estoy porque quiero, pero también por responsabilidad, no lo hago por que me lo agradezca nadie, sino porque creo que así también aporto mi grano de arena a la sociedad en la que vivo.
Y sin embargo veo con preocupación el cansancio que se nos refleja en los ojos a todos los que compartimos esta responsabilidad, la fatiga de seguir peleando día a día para que tu deporte pueda seguir desarrollándose en Córdoba.
Y frente a eso, ¿qué?, la simple satisfacción de haber cumplido con la que creemos nuestra labor, porque pese a que las satisfacciones son muy metafísicas, y de una parquedad que asusta, nos mantenemos en la brecha, creo que en ocasiones por vergüenza de que al marcharte se hunda lo construido, porque salvo honrosos casos, las federaciones provinciales son unipersonales, y casi, casi, intransferibles.
Por eso cuando algún compañero mío me dice: “...y fíjate, ayer me dice fulanito que si yo me llevo de esto...”, lo que provoca la ira inmediata del susodicho, que es un honorable profesional, cuyo trabajo soporta estas veleidades deportivas. No tengo más remedio que asumir su enfado y tratar de disculparlo, pese a que en ocasiones también te de la fiebre dimisionaria y te den ganas de enviar al acusador y a su familia a lugares ignotos y malsonantes.
Esta es pues una vida poco agraciada, en la que debemos de tener cierto punto de masoquismo, sobre todo en esta Córdoba nuestra, tan dada a hundir lo propio y ensalzar lo vecino.

Es este un escrito para redescubrir y homenajear a esos hombres y mujeres bastante desconocidos, esos delegados de federaciones que trabajan todo el año por el mero placer de ver progresar a su deporte y a sus practicantes, es un homenaje a quienes usan su tiempo libre, sus sábados y los domingos tratando de que otros sean felices. ¡Va por vosotros, compañeros!.
A veces pienso si las federaciones provinciales, las amateur ¡ojo!, que de las nacionales no hablo, no deberían tener tratamiento de ONG’s, al menos así quizá estaríamos mejor vistos.
¡Ah!, y para aquellos cuya boca y moral es relajada en la emisión de opiniones, tienen la invitación inmediata para que se integren con su federación y ejerzan esta tarea alguna vez, a ver si así se mejoran sus condicionantes morales para hablar sin fundamento, y cuya única consecuencia es que terminan por hundir la moral de los que sí quieren trabajar.
Dedicado a los amigos que se encuentran en situaciones como estas. ¡Animo!

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